Un día como hoy, pero de 1958,Juan Manuel Fangio disputaba su última competencia en el circuito de Reims, Francia, diciendo adiós a la categoría en la que logró 24 triunfos y 5 campeonatos mundiales.
(ESCRIBE ALFREDO PARGA - FOTOS JMFANGIO.ORG) Un estadista escrupuloso debió anotar, con cierto aire de nostalgia, que se cumplieron 60 años -6 de julio de 1958- de la excepcional decisión: Juan Manuel Fangio resolvía retirarse del automovilismo deportivo, simplemente porque ya no tenía nada más por conquistar. Cuando triunfaba Mike Hawthorn, que no quería sacarle una vuelta "por respeto" y Luigi Musso perdía la vida en el despiste de Muizon. El lo clausuraba todo en Reims.

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A su turno, un enamorado de la semántica indagará permanentemente en aquellos tiempos casi románticos estipulando que los grandes pilotos habían dejado de competir tocados con mamelucos de seda. Que de toda la nobleza que corría hasta promediar el siglo, únicamente continuaban porfiados dos tozudos representantes: el barón de Graffenried y el príncipe Bira. Casi la única réplica de un exotismo que les permitía asegurar a los viejos críticos que el automovilismo deportivo todavía era de elite. Como si tuviera que ser profesado únicamente por gente con sangre azul.
En ese gran mundo, un paisano de Balcarce que había llegado desde un lejano país demostraba que en la universidad del fastidioso barro de caminos con pantanos, se había diplomado con la más alta calificación. La base de la astucia que le permitiría ser el mejor porque trataba de serlo, sin sentirse tal cosa.
Un nostálgico indefectiblemente recordará que Fangio siempre tenía algo más que todos los otros. Que a favor de su conocimiento de mecánico cuando muchacho, antes de ser forzado chofer buscador de camiones que tuvieran cubiertas en buenas condiciones para protegerse de un racionamiento tan estricto como necesario, sacaba partido de ese conocimiento sin fin para exigir a los autos, sin dañarlos. Equivocándose muy poco, sin reiterar el error porque sabía mirar más lejos que los demás.

Todos lo recuerdan. Lo admiran. Lo conservan. Es la manera de atender, con la mayor altura, al más grande de todos, que desde el último lunes dejaba de correr hace 60 años. Y desde entonces, la pista está vacía...
Publicado en La Nación, el martes 9 de Julio de 1998.